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Contaminación y control de derrames en zonas
portuarias
Diciembre 2009

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AGRADECIMIENTO DE RAC/REMPEITC-CARIBE/ OPC
1989… Veinte años han pasado ya del
derrame de petróleo del buque Exxon Valdéz. Paradigmático como ninguno,
todo cambió después… No fue el más grande. Desde que se llevan registros
confiables debe estar en la lista entre los primeros 50. No fue ni
siquiera en zonas pobladas, así que lejos de la opinión pública… en
principio. Sin embargo llegó en el timing perfecto: en el tiempo de la
globalización, nada queda aislado y pasa desapercibido; en el tiempo
verde además… el de la ecología y la sensibilidad extrema de la opinión
pública por el tema ambiental, con ministerios específicos, carreras
profesionales, las ONG y sus luchas… Fue además en el lugar perfecto:
USA… aunque fuera su patio trasero en Alaska… y con el mundo
sensibilizado por los temas ambientales. Lo demás vino sólo y seguro que
el tener claramente identificada a la multinacional responsable, ayudó y
mucho al encarnecimiento mediático y de las firmas de abogados. Todavía
hoy siguen las secuelas jurídicas de ese caso. Y claro… consecuencias
positivas de todo tipo: la OPA 90 que subió los standares de respuesta y
prevención en USA, siendo el corolario internacional el Convenio OPRC (OMI).
La mejoras en las técnicas de respuesta, en los equipos, la
proliferación de materiales cada vez más performantes, en el
adiestramiento del personal que se entendió finalmente que debía ser
profesional y de allí el surgimiento de empresas especializadas (OSRO),
la prevención en todos los niveles… El manantial de recursos y dineros
que se puso a disposición de este caso, haría soñar a muchos que vieron
un nuevo “El Dorado”… No pocas han sido las consecuencias y desvíos que
esto originó en años posteriores en este y otros casos de derrames.
2009…Veinte años han pasado ya de este
incidente. Hoy el tema se trata de manera mucho más profesional y la
prevención juega un rol clave para evitar ocurran estos desastres. Las
estadísticas muestran resultados bien positivos. Pese al constante
incremento en el transporte marítimo de hidrocarburos y sus derivados,
en su manipulación en terminales y zonas portuarias, los derrames han
disminuido en forma notoria. Claro está que los costos de las acciones
de control, por el contrario, se han elevado de manera indirectamente
proporcional. Las gráficas de IPIECA, así lo reflejan en forma
incontestable.
Cuando en el año 2007, la CIP resuelve
realizar la I Conferencia Hemisférica sobre Protección Ambiental
Portuaria en Panamá, especifica que es para ofrecer una plataforma de
divulgación, actualización e intercambio de información y tecnología
sobre los aspectos relacionados con la protección ambiental, a fin de
que el sector portuario se orientara hacia un desarrollo sustentable en
el marco de una política de cooperación. Habían varios objetivos
específicos y uno de ellos el 7.- refería a la “Contaminación accidental
y operacional con hidrocarburos y materiales peligrosos en los puertos –
Planes de Contingencia”. Cuando en el año 2009, se resuelve realizar la
I Convención Hemisférica sobre Protección Ambiental Portuaria (Foz de
Iguazú), se mantiene este objetivo que se redacta como “Planes de
emergencia y contingencia para desastres ambientales”. La propia
“Declaración de Panamá sobre Lineamientos para la Protección Ambiental
Portuaria”, consecuencia de la primera reunión indicada, resalta la
necesidad de respuestas en el marco de planes de contingencia racionales
y cooperativos.
Todos los puertos de la región conocen de
estos flagelos, bien que los grandes derrames puedan ser esporádicos,
todos los puertos los han sufrido. Ellos en tanto que accidentales, se
suman a los derrames operativos, en operaciones rutinarias de carga y
descarga en los muelles, en el bunkering de las zonas de fondeo, que si
bien aleja la operación de la zona de atraque, la acerca a zonas
sensibles desde el punto de vista ambiental. ¿Cuántas veces no aparecen
en los puertos manchas de origen desconocido, las que desviven a las
autoridades por su procedencia? ¿Cuántas veces las autoridades
portuarias no reciben quejas de las agencias navieras que exigen la
limpieza de los cascos de los buques, cuyos capitanes no aceptan
abandonar el puerto sin esa condición?
Y sobre el origen de esas manchas
podríamos seguir también con los incendios de buques y su posterior
hundimiento, algo demasiado común y que debería hacer reflexionar a las
autoridades. Ya se sabe las consecuencias ambientales de los
hundimientos de buques en los puertos: no sólo es un tema de riesgos de
navegación y de contaminación visual, los remanentes de combustibles
escaparan en el momento menos pensado y su destino será aleatorio. Se
trata de una verdadera bomba de tiempo ambiental y como tal deberían ser
tratados por las autoridades y las medidas de rescate inmediatas que se
les deben exigir a los responsables.
Pero en estos temas ambientales, no sólo
hay que encontrar responsables: queda la difícil tarea de demostrarlo y
en eso sí que el déficit de nuestras autoridades marítimas y portuarias
es importante (con excepción claro está de la Coast Guard en USA). Un
dato estadístico procedente de Francia (CEDRE) indicaba para el año
2001, más de 300 vertidos operacionales detectados en aguas
territoriales de ese país (no incluidas las dependencias territoriales
fuera del continente). Casi uno por día, con uno de los países más
avanzados en materia de control de este tipo de operaciones. ¿Puede uno
imaginarse lo que puede esto significar en América Latina?
Los derrames de hidrocarburos y sus
derivados en zonas portuarias no son los únicos flagelos ambientales. En
los puertos convergen todo tipo de actividades industriales y de
productos. Hasta productos de tipo orgánico, y no son pocos en economías
exportadoras de graneles en nuestra América, son a veces contaminantes
en derrames que se generan en las zonas portuarias, consecuencias de
manipulaciones accidentales. Tan sólo el pensar en los desechos que toda
esta actividad genera, debería hacer reflexionar. ¿Cuántos de nosotros
no vemos día a día en nuestros puertos esas basuras flotando con
destinos insondables y que seguramente se acumulan en los fondos, como
ya lo decía hace 40 años un visionario como el Capt. Jacques Cousteau?
No es difícil comprender que en ese mismo y único espacio catalizan
miles de sustancias químicas (según datos de la UE, más de 30,000
sustancias químicas diferentes se exportan/importan cada año por sus
puertos). De ellas unas 1,500 se consideran extremadamente peligrosas en
caso de derrames, explosiones, etc. Y este dato es individual, piénsese
lo que podría significar esto a la hora de las contaminaciones cruzadas.
¿Tenemos una idea siquiera de estos números en nuestros puertos de
América Latina?
Explosiones de plantas petro-químicas, de
buques… son siempre referencias y esas experiencias deben hacer
reflexionar. En el año 2007, las autoridades de Costa Rica presentaron
en la reunión de la CIP/OEA en Panamá el caso de Química Holanda en
puerto Limón. En el año 2009, la empresa Cattalini Terminales Marítimos
presentó en la I Convención Hemisférica de Foz de Iguazú, el caso de la
explosión del buque Vicuña y los litigios judiciales que el caso ha
significado desde que ocurriera en el año 2004. En Julio del año 2008,
puerto Cortés en Honduras tuvo una emergencia con decenas de miles de
pobladores evacuados por emanaciones de un químico como el hidrosulfito
de sodio. Su presencia puede catalogarse de normal en esta zona de
América Central, ya que allí abundan las industrias maquiladoras: se
utiliza como blanqueador de textiles. Clasificado sin embargo como
material combustible e inflamable en ciertas circunstancias (Código IMDG),
no resiste almacenamientos excesivos en el tiempo e inadecuados
espacialmente. Esas circunstancias convergen y la humedad penetra al
contenedor por las intensas lluvias de la época: reacciona tal cual lo
establece MSDS (hoja de seguridad) y se produce humo, gases que se
expanden y luego incluso el fuego. Este tipo de situaciones no son
nuevas en América Latina y periódicamente se repiten en alguno de sus
puertos. Desorganización burocrática, desconocimiento de los
responsables, multiplicidad de actores e intereses, presupuestos
inadecuados, priorizaciones equivocadas de las autoridades… las razones
abundan y se entremezclan… las respuestas eficaces y la prevención
siguen tardando en algunos de nuestros puertos. Conviene destacar que ya
existe para la región de América Central un Código de Conducta Ambiental
que contempla medidas de gestión ambiental razonables y de tipo general
para todos sus puertos. Como todo Código sin embargo su implementación
no es obligatoria y depende de las jerarquías de turno, algo variable en
la región.
También hay buenos ejemplos y
experiencias positivas en nuestros puertos y la mencionada I Convención
Hemisférica realizada en Foz, se ha encargado de mostrar algunas de
ellas. Autoridades portuarias en algunos países que extreman la
capacitación de sus funcionarios y con empresas especializadas
(Argentina, Brasil, Panamá y USA), modelos innovadores como las de los
Clubes de Servicio de Medio Ambiente en Brasil, experiencias concretas
de algunos puertos y países (Long Beach, Le Havre, Santa Marta, incluso
México en su conjunto). Temas puntuales como los dragados y sus
consecuencias ambientales, el de las aguas de lastre o el de las
consecuencias del cambio climático en nuestras infraestructuras
portuarias, son a tener en cuenta por parte de nuestras autoridades y
requieren interacción frecuente con las autoridades ambientales. Sin
dudas que estos encuentros hemisféricos regulares entre nuestros
especialistas ambientales portuarios, permitirán conocer experiencias,
modelos y respuestas. La próxima cita anunciada es en el 2011 en el
puerto de Montevideo. La llama tiene su relevo y la CIP/OEA debe
sentirse bien satisfecha por este logro.
¿Cuáles son los temas principales que deberían concernir a nuestras
autoridades portuarias y su medio ambiente? En relación a los buques
siniestrados por ejemplo, el tema de las zonas de refugio patrocinadas
por la OMI deberían concernirlos. No existe mejor lugar para controlar
un derrame de petróleo que la dársena portuaria, fácil de cerrar, con
acceso directo e inmediato para equipos y especialistas. Probablemente
el que menos impacto ambiental relativo causará. Por supuesto, las
resistencias se harán notar enseguida cuando se hable de parar la
operativa comercial. Incluso el riesgo de incendio en zonas portuarias
debe incidir en esta decisión. La Coruña ha sido un puerto sometido a
estas disyuntivas en los últimos 30 años.
¿Cuáles son las perspectivas de los
acuerdos de cooperación entre países vecinos y/o en espacios marítimos
comunes en América Latina? Tenemos una opinión al respecto y no es
demasiado optimista. Un análisis rápido puede resumirse en que cada país
y cada puerto seguirán teniendo preocupaciones, reglamentaciones y
organizaciones diferentes. Eso a pesar de los esfuerzos encomiables de
múltiples organizaciones regionales. Sólo que esos esfuerzos, con los
recursos que ellos implican, se repiten muchas veces y los resultados no
tienen la eficacia necesaria.
Otro argumento importante es que no
cesará el constante aumento de la sensibilidad en la opinión pública y
eso se manifestará de diferentes maneras. Una de las más trascendentes
será el reflejo del tema en la clase política y sus decisiones. Bien
trabajado el tema ambiental por parte de las autoridades portuarias se
obtendrán beneficios directos e indirectos para sus objetivos. En todo
caso casi cualquier proyecto que guarde relación con la protección
ambiental, tendrá chance de ser aprobado rápidamente si viene bien
argumentado.
Existe una casi constante en materia de
desastres ambientales a gran escala y a escala local: cada nuevo
accidente ambiental importante generará cambios más estrictos a nivel
internacional y, si fuera el caso, a nivel local. En este último caso,
muchas veces implicará la estricta aplicación de reglamentaciones ya en
vigencia en el país o puerto en cuestión. Los seres humanos aprendemos
más de las equivocaciones y sino es así digamos que reaccionamos luego
de ellas. Esto ha sido una constante en materia de grandes desastres
marítimos, ya desde la lejana época del Titanic, hasta los grandes
derrames de petróleo en el mar de nuestros días. A mediana y pequeña
escala ocurre el mismo fenómeno localmente.
Algo que resulta cada vez más asombroso
es la mejora permanente de las técnicas para controlar los derrames de
petróleo. El derrame del Prestige representó, por ejemplo, un pico en
materia de recuperación de grandes cantidades de producto desde las
grandes profundidades de los océanos como nunca antes se había visto.
Queda la impresión de que puede llegar a ser ilimitada la tecnología que
se requiere, en la medida que existan los presupuestos adecuados para
cubrirla y eso tiene que ver con la voluntad de quienes toman las
decisiones. Queda la pregunta si esa tendencia seguirá o se avizoran
límites a la disponibilidad de estos recursos.
Sobre el mencionado tema de los pecios y
buques semi-hundidos, abandonados, etc., paisaje tan común de nuestras
dársenas, queda la enseñanza de que deben sacarse en forma inmediata del
sitio del naufragio a costo siempre de los responsables. Ya se han
explicado las consecuencias eventuales en materia de contaminación y por
supuesto está siempre el riesgo como obstáculo a la navegación y otro
tipo de contaminación como la visual que tanto afecta la estética del
puerto. Los costos luego se multiplican, al igual que los abogados y por
supuesto los seguros caducan con sus cláusulas siempre muy conservadoras
en materia ambiental.
Siguiendo con el tema en materia de
control de derrames y a la hora de las valoraciones, el principio de
precaución debe ser regla de oro. Recordemos que es un concepto que
respalda la adopción de medidas protectoras cuando no existe certeza
científica de las consecuencias para el medio ambiente de una acción
determinada. Implica que en esos primeros momentos de caos y sobre la
base de los pocos y confusos datos disponibles, no se puede concluir con
certeza sobre un cierto nivel de riesgo sobre la base de los datos
disponibles y entonces las medidas de gestión del riesgo deben ser
tomadas sobre la base de una apreciación de tipo política y por ende
será siempre algo con carga de subjetividad, lo que determine el nivel
de protección ambiental inicial. Decisiones inmediatas que se imponen,
sin la información suficiente, para una correcta valoración, no dejan
margen y los riesgos latentes bien valen las prohibiciones,
suspensiones, clausuras, hasta destrucciones si ello se ve necesario.
Hablamos de actividades comerciales, pesca, turísticas, de la propia
circulación de los buques. Y sólo como muestra: en el derrame del puerto
de Nueva Orleans del año 2007, la Coast Guard prohibió la circulación
por el río durante 5 días y el costo estimado de las pérdidas fue del
orden de los 200 millones de dólares. Así de drástico es este tema y más
vale que existan funcionarios y especialistas del nivel necesario para
la toma de decisiones que se deben imponer en estos casos las que, por
supuesto, deberán estar siempre bien justificadas…
En relación a las operaciones hay que
tener claro que en materia de respuestas no se pueden escatimar medios
al principio. Las autoridades lo demandan, la opinión pública observa a
través de la prensa despabilada, siempre habrá el tiempo para regular.
Por allí vendrá la relación con los seguros del responsable de la
contaminación, a los que se recomienda involucrar desde los primeros
momentos.
Los equipos y materiales, ya sean de
procedencia pública (autoridades marítimas o portuarias de eficacia muy
limitada) o privada (empresas petroleras o empresas especializadas de
respuesta), han ido aumentando su eficacia con el tiempo. Son cada vez
mejores y su costo relativo es menor. Por otro lado es bien importante
tenerlos bien posicionados, de manera cercana a los escenarios de
riesgos determinados por los análisis previos de los expertos. Los
centros de acopio de materiales, pueden ser una alternativa a
considerar. Explorar esquemas de cooperación entre los diferentes
actores puede ser un camino que fortalezca las respuestas (brigadas,
etc.), pero siempre debe tenerse presente que las empresas no
involucradas de manera directa querrán estar lo más alejadas del
problema por los impactos negativos que esto puede acarrearles en la
opinión pública, etc. Herramientas claves como los mapas de sensibilidad
actualizados o los software de deriva de manchas cada vez más
performantes, son condición ineluctable para las valoraciones previas a
las decisiones.
Sobre la creciente presión de las
autoridades, vale la pena señalar el caso del encallamiento del buque
Westerhaven en la Barrera de Coral de Belize, en la zona de Stan Creek a
comienzos de este año 2009. En efecto por malas maniobras dicho buque
termina dañando el coral de la zona y mediante metodologías de
valoración científicas (HEA – Habitat Equivalency Analysis) desarrollado
por la NOAA se determinan daños por cerca de 30 millones de dólares.
Para ser bien exactos hablamos de daños en 7,332 m2 de coral (al 98%)
por un total de 19,401,266 USD y en 11,187 m2 (al 25%) por un total de
7,551,428 USD. La pregunta sobre cuanto de ese dinero se destinará a
reparar efectivamente el daño causado, cuando se sabe que los corales no
se pueden recuperar plenamente antes de transcurridos siglos no importa
demasiado. El hecho es que la multa se ha puesto por esos montos y se
hicieron esas estimaciones en tiempo record para la región y, lo más
importante, creando precedentes.
Como siempre la dualidad economía vs.
ecología está presente en estas situaciones. El concepto de medidas
razonables que se deben aplicar para reparar el daño, muy especialmente
después que pasa la etapa inmediata del incidente y comienzan las
acciones de restauración, es un tema delicado y que exige su manejo
responsable por parte de autoridades competentes. Lo peor que puede
pasar en una situación de emergencia ambiental portuaria es que al
frente de la situación haya personas inexpertas o sin capacidad de
decisión. ¿Hasta dónde continuar con las acciones de restauración?
¿Cuándo es el momento de dejar a la naturaleza hacer su trabajo? Como se
podrá comprender estos criterios deben ser consensuados muchas veces y
eso requiere no poca experiencia y profesionalismo.
Una mención especial para los medios de
comunicación, en relación a esta temática. Las autoridades portuarias
podrán imaginarse que ese tema lo tienen relativamente controlado, en la
medida que el desastre ambiental se desarrolle dentro del recinto
portuario. Piénsese tan solo en el Código PBIP, tan estricto y las
limitaciones de acceso físico para todos los que no son actores
portuarios directamente involucrados en la operativa. Pues bien la
apreciación es errónea. Por un lado los cada vez más sofisticados medios
de comunicación, posibilitan la difusión de fotos y noticias inmediatas.
Hay además una sensibilidad generalizada por lo ambiental. La noticia
saldrá de una manera u otra y si se quiere controlar la situación
convendrá asumirla y en forma inmediata indicar que se está haciendo
para controlar el incidente. Recordamos hace ya unos años, un incidente
dentro de la esclusa de Miraflores del Canal de Panamá, en las que un
buque tiene un rumbo en su casco a raíz de una mala maniobra y el bunker
comienza a salir en forma inmediata. Se tomaron fotos de la situación
por parte de testigos y de inmediato comenzaron a circular demostrando
la apertura posterior de las esclusas. Probablemente una de los recintos
portuarios (más que eso en realidad) mejor custodiados del mundo, la
Autoridad del Canal de Panamá descubrió a partir de ese día que debía
manejar con otra transparencia este tipo de situaciones, variando un
estilo que les venía desde la época del control de la Zona por parte de
USA. Piénsese lo que se quiera sobre la prensa, mejor o peor según el
lugar, hay que contar y estar con ella. Atenderla, darle respuesta a
todas sus preguntas cuando lo requiera, jamás predisponerla. Puede sonar
excesivo decir que hay que contarlo todo, pero teniendo las imágenes
todo se dice y en tiempo real de ser posible. Recordamos algún caso en
Panamá en que detectada la deriva de una mancha se pudo determinar la
zona de impacto y se convocaron los medios masivos de prensa que
transmitieron en directo la llegada de la mancha a la costa y los
equipos de respuesta en espera y luego en plena acción. Todo en el
horario del informativo central de los principales canales. Claro está
que hoy se cuenta con el desafío del internet y ya los países
desarrollados están ganando esa batalla, al abrir páginas en forma
inmediata al incidente ambiental en donde se pone toda la información
disponible y que se entiende accesible al público en general. Todavía en
América Latina se está en embrión con esta idea, pero superadas ciertas
barreras mentales y culturales, burocráticas y tan latinas, se
incursionará por el mismo camino. No hay otro.
Hoy los responsables portuarios y de
manera general las autoridades marítimas, deben comprender que existen
ciertos sueños de opinión pública y su reflejo político y es que los
derrames no ocurran nunca más. Existe también el sueño del
contribuyente, el que desea que el que contamina pague y lo haga bien
caro. Por eso esas batallas judiciales interminables en tribunales que
saltan los océanos, acorde a conveniencias y la maraña legal del derecho
marítimo con tantos actores imbricados. Pero existe por sobre todo el
sueño de las víctimas, y no pocas veces son las terminales portuarias,
que desean revertir la carga de la prueba y lograr que el que contamina
pruebe la ausencia del nexo entre el daño y la contaminación. Ya se
empiezan a ver pasos en ese sentido y por allí está algún caso legal en
Canadá que apunta en ese sentido.
Otro tema es el de los voluntarios.
Difícil que aparezcan dentro de los recintos portuarios por la misma
razón indicada, el tema es que van donde quieren y cuando pueden.
Algunos se reclutan en las ONG ambientales y en general además de su
especialización, son conscientes en su trabajo y hacen un aporte
profesional en cierto tipo de tareas en que las autoridades están
escasas de especialistas. Otros son simples ciudadanos, vecinos locales,
afectados cercanos o gente sensibilizada que se suman a la cruzada,
atizados muchas veces por los medios de comunicación. El reciente caso
del derrame del buque Hebei Spirit en Corea del Sur, mostró a más de un
millón de voluntarios en pleno trabajo de limpieza de costas. Como se
puede comprender esto significa un verdadero desafío logístico y de
gerenciamiento. Como todo existe una aproximación diferente de los
voluntarios desde el mundo desarrollado en relación al mundo en
desarrollo. Los primeros actúan más en función de voluntarios como tales
y en los segundos procuran ser pagados por los servicios que prestan.
Al final vendrá el tiempo de los pagos.
Todo lo que se ha hecho en la respuesta, para mitigar, para prevenir,
deberá ser justificado. Es el tiempo de la negociación y la cooperación
con los armadores responsables que querrán solucionar el problema cuanto
antes. Por supuesto que habrá de los otros. La experiencia indica con
éstos últimos que lo que pagan en la presión de la emergencia, no lo
pagan cuando aparecen sus abogados. Lección aprendida.
Conclusiones. Casi evidentes. Planificar
en los tiempos de tranquilidad para ser eficaces en los tiempos de
crisis. Actualizar los planes de manera permanente y que lleven
coherencia con el resto de las actividades de los puertos. Adiestrar y
ejercitar en forma regular, tratar de recrear los escenarios de la
manera más realista posible. Manejo profesional de las contingencias
ambientales y tener muy bien identificadas a empresas y personal que es
capaz de solucionar el problema en una forma eficaz.
Recordemos para finalizar un concepto del Ing. Ángel González Rul, hasta
este año Coordinador General de los Puertos de México y durante varios
años Presidente del Comité Técnico de la CIP/OEA y que decía que en el
S.XX los puertos en general habían reglamentado y prohibido, mientras
que en el S.XXI el enfoque debía ser a concientizar y controlar.
Coincidimos.
*Carlos Sagrera (carlos.sagrera@grupo-opc.com) – Se desempeño como Jefe
de Operaciones de OPC S.A. entre los años 2003-2008. Desde entonces
trabaja como Regional Project Manager del Grupo OPC y Coordinador
Técnico de Proyectos en el Golfo de Honduras (COCATRAM/BID). En contaminación…OPC es la
solución… |